sábado , 16 octubre 2021

Crítica de Free Guy: un espectáculo con mucho amor al videojuego

El cine basado en videojuegos lleva reclamando desde siempre esa película que merezca un reconocimiento más allá del fanservice de según la licencia que se adapte. Podemos aceptar que cintas como Silent Hill o Detective Pikachu pueden apreciarse como competentes adaptaciones y películas con un aprobado raspado, pero aún estábamos huérfanos de algo que realmente sea remarcable y sea una recomendación imprescindible para ver en cine.

Free Guy viene a cubrir ese expediente. La película encabezada por Ryan Reynolds es el espectáculo de pirotecnia y diversión que su tráiler ofrece, pero además esconde en su guion con corazón y mucho amor por el videojuego. Se nota que tanto Zack Penn (X-Men 2) y Matt Liebermann (Las Crónicas de Navidad) son jugadores y lo plasman en su libreto más allá de sacar licencias o no como hacía Ready Player One para tenernos obnubilados señalando a la pantalla.

La película no recurre hasta su combate fina de tirar de licencias, y salvo dos casos contados, ni siquiera son videojuegos para lanzar codazos al espectador. Su fanservice se basa en representar de manera más que correcta todo lo que como jugadores hacemos en los multijugadores y la forma de ser del jugón en el mundo real (aunque aquí tire del cliché del freak que vive con sus padres). Desde representar el teabagging, los bailes que podemos ver ahora en cada multijugador, las diferentes skins, armas, misiones, bugs, y un larguísimo etcétera de momentos que a buen seguro hemos vivido en cualquier título online.

La trama tiene varias capas pese a lo que el tráiler pueda presentar. Más allá del evidente «plagio» a El show de Truman que sustenta el leave motive de la cinta, hay un subtexto yacente sobre cómo las grandes distribuidoras tapan la creatividad de los desarrolladores en aras de maximizar los ingresos. De hecho, no me extrañaría que una de las tramas se base en la relación tortuosa que mantuvieron Hideo Kojima y Konami tras la cancelación de Silent Hills y la salida del creativo japonés de la compañía. No obstante, el «evil corporation» que aquí se no expone tiene por nombre Tsunami cuyo parecido con la nomenclatura de los nipones es más que evidente.

La cinta está para lucimiento de Ryan Reynolds, tanto para bien como para mal. En mi caso todo correcto, pues desde Van Wilder sigo la carrera con cierto entusiasmo del actor canadiense incluso con sus tropiezos, pero soy consciente que su humor no es plato de buen gusto para todo el mundo. Aún así, aquí no está tan desatado como en Deadpool pero tiene sus tics habituales.

El salto al estrellato de Reynolds es más que evidente y que ya compite en las grandes ligas se nota cada vez más en sus producciones. Aquí además produce la cinta y su relación con Disney parece lo suficientemente bien encarrilada para que su entrada en el UCM como Deadpool sea una transición de lo más cómoda como podemos adivinar por su campaña de promoción haciendo uso del mercenario bocazas para ello o de cómo la Casa del Ratón le «ha prestado» algunos de sus juguetes favoritos para deleite del público en el acto final.

Pero el canadiense viene bien acompañado con los más que notables Jodie Comer (Killing Eve) y  Joe Keery (Stranger Things), que conforman una pareja con bastante química. Aunque en el caso de Comer, comparte este feeling tanto con el personaje de Guy como el de su compañero. El papel del villano recae sobre un desatadísimo Taika Waitiki que roza tanto el ridículo como deja la sensación de estar en su salsa.

Mención especial para los cameos, los cuales no os voy a destripar pero que os van a sacar más de una sonrisa. Todos y cada uno están elegidos con muy buen tino y el papel que representan no deja de tener su parte de broma o guiño al espectador, y eso que no se abusa de ellos.

En el plano técnico es una producción donde se nota el presupuesto y salvo algún personaje al que se le implanta la cara de otro, todo lo demás raya a una gran altura. La banda sonora de Chritophe Beck cuanta con temas de mero acompañamiento a la acción y se reserva un par de ellos que se pueden rescatar. Por contra el soundtrack rescata bastantes temas míticos que quedan encajados en las escenas con muy buen tino.

En conclusión, Free Guy es una película más que recomendable para ir al cine tanto si eres fan de los videojuegos como sí quieres pasar un buen rato. Los primeros tal vez sean capaces de sacar más jugo al trasfondo de la película.

Sobre Salvador Vargas Ramírez

Crecí con un Amstrad CPC 6128 en las manos, Mega Drive fue mi primera consola, bajé escalones con un Spectrum ZX 128K para dar un salto al PC... Tras overclokings y mods, PlayStation me poligonizó y desde entonces hasta ahora abrazo cualquier cosa que tenga un pad.
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